14 de agosto del 2026 por que el uso de tapabocas y EPP es vital en las zonas afectadas de Cali
A medida que avanza la remoción de escombros y la búsqueda de sobrevivientes tras el devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al occidente del país el pasado 10 de agosto, un riesgo silencioso pero grave amenaza la salud de miles de caleños: la exposición a polvo tóxico, micropartículas y la proliferación de agentes patógenos derivados de la descomposición orgánica entre las ruinas.
Expertos en gestión del riesgo y epidemiología hacen un llamado urgente a rescatistas, personal operativo, voluntarios y miembros de la comunidad que se encuentran cerca de zonas de colapso para implementar de manera estricta el uso de mascarillas de alta eficiencia y otros elementos de protección personal (EPP).
El colapso de infraestructuras genera intensas densidades de polvo, pero con el paso de las horas se suma un factor biológico crítico relacionado con la descomposición de materia orgánica (tanto animal como humana atrapada en los colapsos):
Proliferación bacteriana y patógenos por descomposición: Las bacterias saprófitas y entéricas (como Escherichia coli, Salmonella spp. y bacterias del género Clostridium) se multiplican velozmente en ambientes cálidos y húmedos. Aunque los cuerpos de víctimas de desastres naturales raramente generan epidemias por sí solos, los fluidos corporales liberados pueden contaminar la tierra, las fuentes de agua cercanas y el aire en forma de bioaerosoles o gotículas suspendidas durante la manipulación de escombros.
Gases de descomposición e infecciones biológicas: La degradación orgánica genera gases como sulfuro de hidrógeno, metano y amoníaco que irritan severamente las vías respiratorias. Además, el contacto directo de heridas abiertas con fluidos o material contaminado representa un alto riesgo de infecciones bacterianas agudas y tétanos.
Sílice cristalina y polvo de mampostería: Partículas microscópicas de hormigón, ladrillo y yeso que penetran en lo profundo de los pulmones, provocando neumonitis, bronquitis aguda e inflamación pulmonar severa.
Esporas de moho y hongos: La rotura de tuberías junto a la presencia de material orgánico húmedo favorece la rápida aparición de hongos que causan reacciones alérgicas severas e infecciones micóticas en el sistema respiratorio.

Para los expertos, un tapabocas de tela o una mascarilla quirúrgica común resultan insuficientes frente a la combinación de material particulado y bioaerosoles en la zona cero, por lo que se recomienda mascarillas con capacidad de filtrado igual o superior a N95, KN95 o FFP2, las cuales retienen al menos el 95 % de las partículas y bioaerosoles de hasta 0,3 micras. Para labores de manipulación directa de restos o remoción de escombros contaminados, se recomienda el uso de respiradores elastoméricos con filtros P100 o con capa de carbón activado para atenuar olores y gases orgánicos.
En cuanto a otros elementos de protección personal (EPP), se recomienda gafas de seguridad selladas, Guantes de nitrilo / carnaza (guantes de nitrilo bajo guantes de carnaza o vaqueta), Calzado de seguridad, Traje o túnica antifluidos y Casco con barbiquejo.
1- Protección de heridas abiertas: Toda raspadura o corte previo debe cubrirse con material impermeable antes de ingresar a la zona afectada.
2- Vacunación al día: Es imprescindible contar con el esquema de vacunación contra el tétanos e hepatitis B actualizado para labores de remoción e inspección.
3- Control de contaminación cruzada: No consumir alimentos ni bebidas en la zona de escombros. Lavarse las manos con agua potable y jabón desinfectante (o solución alcohólica al 70 %) inmediatamente al quitarse los guantes.
4- Desinfección de herramientas y calzado: Al finalizar la jornada, lavar y desinfectar con solución de hipoclorito de sodio las botas y herramientas antes de ingresar a zonas limpias o de albergue.